¿Qué cantan los poetas andaluces de ahora?
¿Qué miran los poetas andaluces de ahora?
¿Qué sienten los poetas andaluces de ahora?

Cantan con voz de hombre..
¿pero dónde los hombres?

..con ojos de hombre miran,
¿pero dónde los hombres?

..con pecho de hombre sienten,
¿pero dónde los hombres?

Cantan, y cuando cantan
parece que están sólos...

Miran, y cuando miran
parece que están sólos...

Sienten,..y cuando sienten
¡parecen que están solos!..

¿Es que ya Andalucía
..se ha quedado sin nadie?

¿Es que acaso en los montes andaluces
..no hay nadie?

¿Es que en los mares y campos andaluces..
no hay nadie?

¿No habrá ya quien responda a la voz del poeta?
¿Quien mire al corazón sin muros del poeta?

¡Tantas cosas han muerto..

que no hay más que el poeta!

¡Cantad alto!
..Oiréis que oyen otros oidos.

¡Mirad alto!
Veréis que miran otros ojos...

¡Latid alto!
..Sabréis que palpita otra sangre...

No es más hondo el poeta..
en su oscuro subsuelo, encerrado...
Su canto asciende a más profundo
cuando , abierto en el aire..,
ya es de todos los hombres...

Rafael Alberti

Tercer Encuentro

miércoles, 26 de septiembre de 2012






ABRAZO DE AMOR
Cuando me acunas en tu regazo,
de mis labios van surgiendo
manantiales de cristal y de esperanza
como perlas nacaradas
de un amanecer de mayo.

Eres como un mar salobre que,
con sus olas espumosas,
abanica las playas del alma mía.

Qué sabor a mar
en el cuenco de tu mano.
Eres una caracola
con el sabor del océano.

Qué de olas,
palpitantes y encendidas,
se acrecientan en mi pecho
cuando trazas pinceladas
con el paladar de azúcar
sobre mi piel temblorosa.

Qué de peces
se resbalan por mis senos
con su fluir de burbujas
y de espumas diamantinas
saciando afanes profundos
o, tal vez, curando heridas.

Qué aleteos,
azules y anaranjados,
de gaviotas sedientas
o de tímidas palomas
se te escapan suavemente
por las yemas de los dedos.

Qué de luces
de arco iris y de aurora
se proyectan sutilmente
en el vidrioso contorno,
frágil y acaramelado,
de unos ojos
heridos por la pasión.

Qué de risas
en tu boca de jazmín
y en el arco que proyecta su silueta
dulce y cálida, esponjosa,
cuando te acercas despacio
por la exultante pradera
verde, rosa y plateada
del valle del corazón.

Qué de sauces en tus manos
acariciando mi piel.
Qué torbellinos de fuego
se agitan en tu interior.
Qué de carne temblorosa y palpitante
en un abrazo de amor.






1 comentario:

Jerónimo dijo...

¡Qué de bellas sensaciones podemos sentir en un abrazo! Y qué bien lo has expresado.enhorabuena.
Saludos.